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Estrés Oxidativo. 2da. Parte

Dr. César Fernández

Miembro del Consejo Científico Kyäni LATAM.



Continuando con el tema que subimos hace 15 días, quiero que sepas que no hay que confundir el mecanismo celular, con el estrés cotidiano derivado de las problemáticas que enfrenta el organismo humano en su vida diaria (trabajo, familia, problemas, entre otras).


El estrés oxidativo es un término asociado a las células y a la acción de un radical libre que le afecta, así en condiciones normales se da un equilibrio entre la producción de radicales libres u otras especies reactivas con los mecanismos antioxidantes (exógeno y endógeno). Este equilibrio permite que la toxicidad por oxidación sea menor y con menos daño celular. Cuando se rompe el equilibrio, éste se podrá asociar con un déficit en el sistema antioxidante o por la proliferación descontrolada de los radicales libres.


Existen 2 vías fundamentales para proteger al organismo de los radicales libres:

  1. Enzimáticos.

  2. No enzimáticos.

Ambos pueden ser endógenos y exógenos, su interacción puede ser intracelular o extracelular, esto quiere decir fuera o dentro de la célula.

En cuanto a las vías, la endógena requiere apoyo externo y por ello se recomiendan los antioxidantes exógenos cuyo papel es relevante dado que son los que pueden formar parte de la dieta diaria, como los indicados en un apartado posterior.


PERSPECTIVA DE LA RELACIÓN ANTIOXIDANTES-ENVEJECIMIENTO HUMANO


Las teorías del envejecimiento señalan por una parte, la programación genética con una respuesta predeterminada de cada organismo y por otra un proceso no genético que incluye a los radicales libres o el estrés oxidativo.

Desde 1956 Denham Harman de la Universidad de Nebraska, planteó la relación entre radicales libres y envejecimiento.

Se señaló que la expectativa de vida humana podría aumentar al disminuir los efectos del proceso oxidativo. Así las especies reactivas del oxígeno, entre otros, los radicales libres, pueden alterar la membrana interna o el ADN mitocondrial lo que conlleva más producción de ERO, en consecuencia más daño y aumento del estrés oxidativo, al producirse más oxidantes y perderse el equilibrio requerido por la célula. Se señala que el genoma mitocondrial es susceptible al ataque de los radicales libres que la misma mitocondria produce. En este marco la participación mitocondrial, y la presencia de estrés oxidativo podrían asociarse con la patogenia que conduce a la destrucción celular propia del envejecimiento.


Durante el envejecimiento también disminuye la protección antioxidante y puede haber más ataque a las moléculas blanco. Sin embargo, algunas moléculas como hidratos de carbono, lípidos (grasas) o proteínas pueden tener un efecto particular. En el caso de los lípidos (grasas), durante la peroxidación se produce malondialdehido, el cual reacciona con lípidos (grasa) y proteínas formando las denominadas bases de Schiff conjugadas, que finalmente enlazan al producto fluorescente insoluble que se acumula en los tejidos (lipofucsina) y que se toma como dato de vejez.


Por otra parte, la literatura señala que la longevidad parece aumentar en concordancia con los niveles de antioxidantes en la dieta y con una reducción calórica; lo que puede propiciar una menor degradación de las mitocondrias, del metabolismo celular y del consumo de oxígeno. También una situación de constante estrés oxidativo durante la vejez puede alterar el sistema inmune. Se ha observado una disminución de antioxidantes (como el glutatión) durante el proceso normal de envejecimiento, sobretodo en la sangre y algunos órganos, tanto en animales como en humanos.


Estos cambios degenerativos del sistema inmune pueden conducir a la formación de cataratas, inicios de Alzheimer, Parkinson o problemas cardiovasculares. Por lo anterior un buen sistema inmune se asocia con salud y longevidad.

Para fundamentar la relación vejez-antioxidante Cesari, et al (2004) realizaron un estudio (13) en personas de la tercera edad (>75.3 años) con el análisis de la fuerza muscular y el rendimiento físico (fuerza de extensión de la rodilla, velocidad al caminar, equilibrio y capacidad para levantarse).


Se evaluó la ingesta diaria de antioxidantes y la concentración plasmática de éstos con los parámetros de rendimiento físico señalados antes. Se midió la ingesta de alimentos con particular atención al consumo de vitamina C, vitamina E, β-caroteno y retinol. Entre otros se observó una correlación significativa entre la ingesta diaria de vitamina C y β-caroteno y la fuerza de extensión de rodilla en los sujetos participantes . Es importante mencionar que la vejez no afecta por igual a todos los individuos y a veces la edad cronológica y la biológica no coinciden, de ahí la necesidad de estudios longitudinales con diversas poblaciones.


Continuará ........

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