Buscar
  • 42k

Inflamación crónica de bajo grado y nutrición.

Dr. César Fernández.

Miembro del Consejo Científico y Nutrición Kyani LATAM.




La relación existente entre la obesidad por malnutrición y la inflamación crónica de bajo grado ha sido ampliamente estudiada y confirmada por diversos estudios científicos. La obesidad, caracterizada por un exceso de grasa corporal, hoy día se considera una enfermedad crónica multifactorial, con gran repercusión en las condiciones de salud del individuo. El tejido graso de individuos con obesidad, presenta un aumento significativo de sustancias procoagulantes, ácidos grasos libres y proinflamatorias que afectan tanto local como sistémicamente tu metabolismo a través de múltiples mecanismos y el mayor riesgo que tiene un paciente con obesidad a presentar hipertensión arterial, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, y bajos niveles de colesterol HDL(bueno), hipertrigliceridemia y un mayor número de partículas de colesterol LDL(malo) pequeñas y densas. Todas estas comorbilidades explicarían, al menos en parte dicho riesgo de arterosclerosis y enfermedad cardiovascular que tienen los pacientes obesos. Además, varios estudios sugieren un papel antiinflamatorio del consumo de determinados alimentos, así, un patrón alimentario adecuado puede ser de gran importancia como parte del manejo en un futuro inmediato. Por lo que una pérdida ponderal se asociaría a una disminución del tamaño de los adipocitos (células grasas), y esto a una cascada de resultantes en la disminución de dichas sustancias y con ello mostraría una mejoría de los marcadores sistémicos de inflamación como se ha visto en diferentes modelos nutricionales de adelgazamiento.


Respuesta Inflamatoria y Nutrición


La inflamación, puede ocurrir tanto por un traumatismo o una herida como por la exposición crónica a factores proinflamatorios como seria el caso de una alimentación poco saludable. Debido a que un proceso proinflamatorio crónico de bajo grado incrementa el riesgo de resistencia a la insulina, diabetes, síndrome metabólico, enfermedad cardiovascular y/o cáncer, la modulación de la inflamación podría tener una importancia capital en la prevención y tratamiento de estas condiciones. Entendiendo lo anteriormente expuesto necesitamos enfocarnos en algunos nutrientes que tendrían capacidad antiinflamatoria, mientras que otros serían por el contrario proinflamatorios. Es por tanto de vital importancia identificar cuáles son estos nutrientes capaces de modular la inflamación y en qué cantidades se sugiere su ingesta en la obesidad y comorbilidades mencionadas. Los azúcares simples y los cereales refinados se caracterizan por tener un elevado índice glucémico(capacidad de elevar la glucosa y la insulina en sangre), es decir, esta aumenta rápidamente inmediatamente después de comer así como los niveles de insulina. Esto provoca una hipoglucemia reactiva(descenso abrupto de la glucosa en sangre) a las 3-4 horas, que conduce nuevamente a la sensación de hambre, así como a una disminución de la oxidación de las grasas, favoreciendo probablemente la obesidad. La hiperglucemia(aumento de la azúcar en sangre) y el ayuno, son capaces de reducir la disponibilidad de óxido nítrico, aumentando la producción de radicales libres capaces de activar el proceso inflamatorio. Hay diversos estudios epidemiológicos que han demostrado que a mayor consumo de cereales integrales orgánicos menores son los niveles de inflamación crónica.


El rol antiinflamatorio de ciertos ácidos grasos Omega 3 (DHA Y EPA) esta ampliamente definido tanto para individuos con enfermedad cardiovascular existente como para los sanos. Así como también el mayor efecto proinflamatorio que poseen los derivados de ácidos grasos Omega 6. Dicho esto, es de suma importancia identificar los alimentos ricos en estos compuestos y saber diferenciarlos para utilizar en mayor cantidad los Omega 3 y racionar los Omega 6. Se ha observado también que las personas con una alta ingesta de ácidos grasos trans presentan un aumento de sustancias proinflamatorias en comparación a aquellos que tienen un consumo inferior El aceite de oliva virgen es el referente de los ácidos grasos monoinsaturados y al no estar refinado, conserva todos sus compuestos caracterizados por tener propiedades antiinflamatorias y antioxidantes. Los frutos secos, además de contener ácidos grasos insaturados, tienen cantidades importantes de fibra, L-arginina (aminoácido precursor de óxido nítrico), así como otras moléculas antiinflamatorias y antioxidantes. Es importante hacer mención de las almendras, los cacahuates y sobre todo las nueces por su elevado contenido en ácido ∝-linolénico, caracterizado por poseer propiedades antiinflamatorias. Por lo cual los frutos secos afectan tanto al metabolismo como al sistema cardiovascular. Consumo de frutas y verduras ha sido observado epidemiológicamente desde hace muchísimo tiempo demostrando la disminución de un marcador de inflamación crónica de bajo grado la Proteína C Reactiva y otros marcadores, dicho efecto se ha podido demostrar debido al elevado contenido de antioxidantes y fitoquímicos presentes. También es de amplio análisis y discusión el consumo moderado de vino Tinto, debido a su contenido de resveratrol así como de otros polifenoles y flavonoides, parece contribuir a la prevención de enfermedad cardiovascular a través de diferentes mecanismos, entre los que cabe destacar su acción antiinflamatoria. Las concentraciones en sangre de Proteína C Reactiva, en hombres sanos, se vieron disminuidas con el consumo de una copa de vino tinto durante 4 semanas. Esto podría explicarse por la disminución de sustancias proinflamatorias debido a efectos mencionados que provoca el Resveratrol.


La controversia de cual es la dieta ideal es la de nunca acabar, pero sustentándonos en estudios epidemiológicos amplios realizados y tomando en consideración el factor inflamatorio, oxidativo, circulatorio y metabólico, los aplausos se los lleva la Dieta tipo Mediterránea y para México la Dieta de la Milpa y si a esta la tropicalizamos un poco con aceite de oliva virgen, frutos secos, cereales integrales, 5 raciones de frutas y verduras al día, pescado silvestre, consumo bajo de carnes magras y ácidos grasos trans, se convertiría en la ideal para combatir nutricionalmente la inflamación crónica de bajo grado y sus consecuencias como la Obesidad y comorbilidades, resistencia a la insulina, síndrome metabólico, diabetes y enfermedad cardiovascular. A partir de la información revisada anteriormente todo apunta a, qué estrategias nutricionales deben de ser adoptadas no solo para combatir el sobrepeso u obesidad de las personas, sino con el objetivo de prevenir y controlar las alteraciones metabólicas descritas que deriven en condiciones de salud presentes o futuras.



Bibliografía:


  • Baer DJ, Judd JT, Clevidence BA, Tracy RP. 2004 Dietary fatty acids affect plasma markers of inflammation in healthy men fed controlled diets: A randomized crossover study. American Journal of Clinical Nutrition 79(6): 969-973.

  • Bulló M, Casas-Agustench P, Amigó-Correig P, Aranceta J, Salas-Salvadó J. 2007 Inflammation, obesity and comorbidities: the role of diet. Public Health Nutrition: En prensa.

  • Carluccio MA, Siculella L, Ancora MA, Massaro M, Scoditti E, Storelli C, et. al. 2003 Olive oil and red wine antioxidant polyphenols inhibit endothelial activation: Antiatherogenic properties of Mediterranean diet phytochemicals. Arteriosclerosis, Thrombosis and Vascular Biology 23(4): 622-629.

  • Danesh J, Whincup P, Walker M, Lennon L, Thomson A, Appleby P, et. al. 2000 Low grade inflammation and coronary heart disease: Prospective study and updated meta-analyses. British Medical Journal 321(7255): 199-204.

  • Estruch R, Martinez-Gonzalez MA, Corella D, Salas-Salvadó J, Ruiz-Gutierrez, Covas MI, et. al. 2006 Effects of a mediterranean-style diet on cardiovascular risk factors: A randomized trial. Annals of Internal Medicine 145(1): 1-11.

  • Estruch R, Sacanella E, Badia E, Antúnez E, Nicolás JM, Fernández-Solá J, et. al. 2004 Different effects of red wine and gin consumption on inflammatory biomarkers of atherosclerosis: A prospective randomized crossover trial. Effects of wine on inflammatory markers. Atherosclerosis 175(1): 117-123.

  • Fitó M, Cladellas M, de la Torre R, Martí J, Alcantara M, Pujadas-Bastardes M, et. al. 2005 Antioxidant effect of virgin olive oil in patients with stable coronary heart disease: A randomized, crossover, controlled, clinical trial. Atherosclerosis 181(1): 149-158.

  • Jiang R, Jacobs DR,Jr, Mayer-Davis E, Moyses Szklo M, Herrington D,Jenny N, et. al. 2006 Nut and seed consumption and inflammatory markers in the multi-ethnic study of atherosclerosis. American Journal of Epidemiology 163(3): 222-231.

  • Lopez-Garcia E, Schulze MB, Meigs JB, Manson JE, Rifai N, Stampfer MJ, et. al. 2005 Consumption of trans fatty acids is related to plasma biomarkers of inflammation and endothelial dysfunction. Journal of Nutrition 135(3): 562-566.

  • Ma Y, Griffith JA, Chasan-Taber L, Lisa Chasan-Taber, Barbara C Olendzki, Elizabeth Jackson, et. al. 2006 Association between dietary fiber and serum C-reactive protein. American Journal of Clinical Nutrition 83(4): 760-766.

  • Madsen T, Skou HA, Hansen VE, Fog L, Christensen JH, Toft E, et. al. 2001 C-reactive protein, dietary n-3 fatty acids, and the extent of coronary artery disease. American Journal of Cardiology 88(10): 1139-1142.

  • Pischon T, Hankinson SE, Hotamisligil GS, Rifai N, Willett WC, Rimm EB, et. al. 2003 Habitual dietary intake of n-3 and n-6 fatty acids in relation to inflammatory markers among US men and women. Circulation 108(2): 155-160.

  • Ridker PM. 2004 High-sensitivity C-reactive protein, inflammation, and cardiovascular risk: From concept to clinical practice to clinical benefit. American Heart Journal 148(1 Suppl): S19-26.

  • Salas-Salvadó J, Garcia-Arellano A, Estruch R, Márquez-Sandoval F, Corella D, Fiol M, et. al. 2006 Components of the Mediterranean-type food pattern and serum inflammatory markers among patients at high risk for cardiovascular disease. Eur J Clin Nutr:62,651-659

  • Salas-Salvadó J, Rubio MA, Barbany M, Moreno B y Grupo Colaborativo de la SEEDO. 2007 Consenso SEEDO 2007 para la evaluación del sobrepeso y la obesidad y el establecimiento de criterios de intervención terapéutica. Medicina Clínica (Barcelona) 128(5):184-96.

  • Watzl B, Kulling SE, Moseneder J, Barth SW, Bub A. 2005 A 4-wk intervention with high intake of carotenoid-rich vegetables and fruit reduces plasma C-reactive protein in healthy, nonsmoking men. American Journal of Clinical Nutrition 82(5):1052-1058.

  • Xu H, Barnes GT, Yang Q, Tan G, Yang D, Chou CJ, et. al. 2003 Chronic inflammation in fat plays a crucial role in the development of obesity-related insulin resistance. Journal of Clinical Investigation 112(12): 1821-1830.


112 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo